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Una mala higiene dental puede provocar alzhéimer, cáncer o enfermedades del corazón

Miercoles, 30 de Diciembre del 2015

higiene bucodental

Lavarse los dientes tres veces al día y visitar al dentista al menos una vez al año son reglas básicas para gozar de una buena salud bucodental. Las consecuencias de no cumplir con estas premisas pueden acarrear muchos más problemas de los que podríamos pensar en un primer momento. Para comprobarlo, el profesor Iain Chapple de la Escuela de Odontología de Birmingham realizó una prueba que consistió en que un sujeto pasase quince días sin lavarse los dientes. ¿Cuál fue el resultado? Serios daños en el sistema inmunológico.

Las pruebas revelaron que los glóbulos blancos se volvieron más vulnerables y, además, menos eficaces a la hora de combatir infecciones debido a la inflamación crónica en las encías. Perdieron fuerza para atacar las enfermedades y se volvieron ineficientes. Cuando una infección dura solo unos días, el cuerpo responde de forma saludable. Sin embargo, cuando el cuerpo necesitar luchar constantemente contra una infección, aparecen problemas de salud vinculados con el desarrollo de enfermedades cardiacas, diabetes, Alzheimer, cáncer o problemas cerebrovasculares.

El estudio, no obstante, creó un contexto extremo. La realidad es que, si bien es cierto que aún queda mucho por mejorar en relación a la higiene bucal, la sociedad cada día está más concienciada y es muy difícil encontrar a alguien que prescinda de lavarse los dientes a diario. Pocas personas llegan a los 30 años sin haberse hecho un empaste bucal, problema derivado de la mala alimentación y de un posterior cepillado deficiente.

La investigación del profesor Chapple prueba que una correcta higiene bucal, que tan sólo nos lleva unos minutos al día, puede alargarnos la vida. Pero más importante que el tiempo es la forma de cepillarnos los dientes.

Otra conclusión del estudio fue lo barato que puede llegar a ser una buena higiene dental. No es necesario gastar dinero en cepillos de alta tecnología o eléctricos. Un cepillo convencional, utilizado de forma correcta, es perfecto. La calidad y la duración del cepillado son los factores que realmente marcan la diferencia.

 

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